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Ipse Christus in aeternum

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PRIMERA MISA DEL P. PAULO JOSÉ DE CARVALHO SANTOS

Ipse Christus in aeternum

Vas electionis est mihi iste” At 9,15

 

Querido Padre Paulo, siento un gozo y alegría inconmensurable, no justamente por estar en esta Iglesia y ante un público tan cualificado sin desmerecer a ambos -claro- sino que esos sentimientos me brotan porque el 25 de agosto comenzaste a ser lo que no eras: “Sacerdos” y hoy por vez primera celebras el Santo Sacrificio en esta Capilla, para ser más preciso será la XXXa vez que por las palabras que salgan de tus labios el Verbo se hará carne. Creo que para un sacerdote no hay palabras tan tremendas como las que David coloca en la boca de Yavhé, canta el Rey Santo: «El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: |“Tú eres sacerdote eterno (Tu es sacerdos in æternum)”»1. Esta breve frase por el número de las palabras es grande y tremenda por el peso de la sentencia2: Tu es sacerdos in æternum pues el Señor tu Dios no se arrepiente, eres sacerdote y para siempre! Por esto me parece que el gravado que colocaste en tu cáliz de ordenación es más que acertado: “Sacerdos alter Christus”, porque de alguna manera en esos vocablos están como cifradas o concentradas la naturaleza, identidad y misión del sacerdote. Qué mejor y celebre ocasión para tratar este argumento!

 

I Sacerdos alter Christus (Naturaleza)

 

Para tu homónimo, el Apóstol de la espada, «lo esencial del sacerdocio cristiano es algo muy particular: una cierta vocación, un ser llamado a participar en las altas funciones sacerdotales de Cristo; es un poseer, en cierta medida, el espíritu de Cristo, y junto a él, una particularísima comunidad de vida y de sufrimientos con el Señor»3. De ahí que el P. Buela afirme: «Todo esto solemos resumirlo en la expresión “sacerdos alter Christus”; es decir, el sacerdote es “otro Cristo”. -Tu celestial Patrono- (Pablo) está penetrado hasta lo más hondo de esta idea central del sacerdocio, conforme al Nuevo Testamento: Dios le ha reclamado para su servicio, ya desde el regazo materno; Cristo le ha “tomado”, ungiéndole con el Espíritu Santo, por lo que es el siervo, el mensajero y el guardador de los secretos, el soporte del Evangelio, encontrándose armado de fuerzas especiales que le permiten dominar incluso a los demonios. Con Cristo mantiene una vinculación continua de vida y de sufrimiento, siendo sus penas las mismas de Jesús»4. Que día a día P. Paulo José puedas penetrar en la profundidad del “misterio sacerdotal”, el sacerdote es alter Christus!

 

Por esto, insistentemente nos enseña la Iglesia: «En el servicio eclesial del ministro ordenado es Cristo mismo quien está presente a su Iglesia como Cabeza de su cuerpo, Pastor de su rebaño, Sumo Sacerdote del sacrificio redentor, Maestro de la Verdad (...) “Es al mismo Cristo Jesús, Sacerdote, a cuya sagrada persona representa el ministro. Este, ciertamente, gracias a la consagración sacerdotal recibida se asimila al Sumo Sacerdote y goza de la facultad de actuar por el poder de Cristo mismo (a quien representa)” (Pío XII, enc. Mediator Dei5

 

Querido P. Paulo, el misterio es profundo! Escucha lo que escribió Marcelo Javier Morsella a uno de sus amigos a mediados de su primer año de seminario: «Yo sigo muy contento y constatando que el tiempo vuela, se te va de las manos. Pienso a veces, en lo que es el sacerdocio y me doy cuenta de que es algo tan grande que sobrepasa todo lo que uno pueda imaginar o la idea que uno pueda tener. Pero hay que confiar en Dios, uno no merece ni es digno pero es la voluntad de Dios. Te digo [esto] porque muchas veces me veo con defectos, pero los Apóstoles también los tenían: eran hombres y esto de los Apóstoles es un gran consuelo porque esos hombres rústicos y pecadores fueron después los más grandes santos que dieron la vida por Jesucristo. La santidad es trabajo de toda una vida…»6.

 

Una vez más quiero insistir sobre la importancia de volver sobre esta verdad (Sacerdos alter Christus), pero esta vez con nuestro derecho propio: «Los miembros de nuestro Instituto que son sacerdotes ministeriales, deben volver una y otra vez a esta realidad inefable que produjo en ellos un cambio ontológico al asemejarlos a Cristo cabeza, y ninguna espiritualidad laical tiene que reducir su espiritualidad presbiteral»7.

 

II Sacerdos Ipse Christus (identidad)

 

La Providencia Divina ha hecho sagrado el pasado 25 de agosto pues comenzaste a ser lo que no eras. ¡Se produjo en tu alma un cambio ontológico! El cual -valga la redundancia- te “configura

ontológicamente con Cristo Sacerdote, Maestro, Santificador y Pastor de su Pueblo8.

 

«En este sentido, la identidad del sacerdote es nueva respecto a la de todos los cristianos que, mediante el Bautismo, participan, en conjunto, del único sacerdocio de Cristo y están llamados a darle testimonio en toda la tierra9. La especificidad del sacerdocio ministerial se sitúa frente a la necesidad, que tienen todos los fieles de adherir a la mediación y al señorío de Cristo, visibles por el ejercicio del sacerdocio ministerial.

 

En su peculiar identidad cristológica, el sacerdote ha de tener conciencia de que su vida es un misterio insertado totalmente en el misterio de Cristo de un modo nuevo y específico, y esto lo compromete totalmente en la actividad pastoral y lo gratifica10»11.

 

Por esto P. Paulo los misterios que más reflejan y deberán reflejar tu nueva identidad son, en primer lugar la Santa Misa pues “ella es para el Sacerdote y el sacerdote para la Misa” ya que el carácter del orden sagrado te configura con Cristo cabeza, dándote así el poder sobre el Cuerpo físico de Cristo (y sobre su Cuerpo místico) permitiéndote obrar “in persona Christi”12, siendo tu acto principal la inmolación y oblación del sacrificio Eucarístico13 de tal manera que en el momento de la transubstanciación “serás” el Ipse Christus (el mismo Cristo) y no “simplemente” otro Cristo -o dicho de otro modo- será el mismo Cristo que hable en y por ti.

 

El segundo misterio que más manifiesta y deberá manifestar tu nueva identidad es el sacramento de la Confesión al pronunciar “EGO te absolvo…” no simplemente otro Cristo sino Ipse Christus (el mismo Cristo) -o dicho de otro modo- será el mismo Cristo que hable en y por ti.

Finalmente, tu nueva identidad sacerdotal te confiere poder no sólo poder sobre el Cuerpo físico de Cristo sino también sobre su Cuerpo místico de tal modo que también in persona Christi deberás dar tu vida como Cristo la dio por lo que más ama: ¡las almas! Ellas son su mayor tesoro, y Él te las confía porque ya no eres siervo sino su amigo14. Quiere que las alimentes, las cuides, las cures y las rengendres para el cielo.

 

III Calix Christi (Misión)

 

Los Hechos de los Apóstoles nos narra que en cuanto Pablo estaba ciego en Damasco Cristo le dijo a Ananías “Ve, porque es éste para mí vaso de elección, para que lleve mi nombre ante las naciones y los reyes y los hijos de Israel”. Tú también querido padre, eres PABLO y “eres cáliz de elección”. Es más, es el deseo ardiente de nuestro fundador expresado en nuestras Constituciones: «Queremos ser

“como otra humanidad suya”15, queremos ser cálices llenos de Cristo que derraman sobre los demás su superabundancia, queremos con nuestras vidas mostrar que Cristo vive. Y al Espíritu de Cristo porque es el alma de la Iglesia y porque si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, éste no es de Cristo (Rm 8,9)»16.¡Esa es tu misión! Y el mismo Señor te irá revelando lo que tienes que hacer por Él17.

También en la base de tu cáliz de ordenación se lee: “Por todos los que Dios me confió”. Esa es la misión del sacerdote y por tanto tu misión: “ser mediador entre Dios y los hombres”18 interceder por los que inmediatamente Dios te confió y por todos los hombres. Por esto P. Pablo todos los días al elevar el cáliz, tu cáliz, tú mismo debes ser cáliz y hacer tuyas las palabras del salmista:

 

«¿Cómo pagaré al Señor | todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, | invocando el nombre del Señor. Cumpliré al Señor mis votos | en presencia de todo el pueblo. Mucho le cuesta al Señor | la muerte de sus fieles.

Señor, yo soy tu siervo, | siervo tuyo, hijo de tu esclava: | rompiste mis cadenas. Te ofreceré un sacrificio de alabanza, | invocando el nombre del Señor. Cumpliré al Señor mis votos | en presencia de todo el pueblo,

 en el atrio de la casa del Señor, | en medio de ti, Jerusalén» (Sl 116,12-19).

 

Querido P. Pablo de ahora en adelante tu Sacerdocio es tu vida, tu gloria y tu cáliz!, por esto en cualquier momento de tu vida y en cualquier lugar que Dios te coloque y el mismo Verbo Encarnado te pregunte: “¿Podréis beber el cáliz...?” (Mt 20,22) ¿Qué significa cáliz? ¿Qué te propone Jesús? Responde el P. Buela: «Este es el “cáliz” que les propone Jesús: ¿Podréis...?

Este es el “cáliz” que nos propone Jesús a cada uno de nosotros: ¿Podréis...?

Este “cáliz” es su cáliz: ...que yo beberé. Este no es otro que el cáliz de su Pasión y Muerte: Padre mío, si es posible, pase de mí este cáliz (Mt 26,39); a esto añade el Señor: El cáliz que yo he de beber, lo

beberéis, y con el bautismo con que yo he de ser bautizado, seréis bautizados vosotros (Mc 10,38): es la inmersión total en su muerte. ¡A eso nos llama!

 

Están ordenados al cáliz los sacerdotes. Al igual que Jesús, que “tomó este cáliz glorioso”19, el sacerdote toma el cáliz y, tal como Jesús, sobre él dice: ...éste es el cáliz de mi sangre (...) de aquí que nuestro fin es el “cáliz” (…). Por eso el fin dichoso del Apóstol es ser derramado como una libación20.

  • ¡nada de tanto egoísmo, de tanta mezquindad, de tanto cálculo! ¡Hay que ir a la entrega total! ¡A 
  • la libación! ¡Al cáliz! ¿Estaban Santiago y Juan, los Hijos del Trueno, dispuestos a beberlo? ¡Sí!

Rápidamente respondieron ¡Possumus...! ¡Dynámetha...! ¡Podemos...!»21.

Por tanto, querido Padre Pablo siempre que eleves un cáliz, este cáliz, tu cáliz recuerda las palabras de nuestro querido padre fundador: «Cuando nos parezca que estamos abandonados de los amigos, de los superiores, de los ángeles, de Dios... ¡Possumus!

Cuando nos veamos tan malolientes de pecados que nos miremos a nosotros mismos como Lázaro en el sepulcro... ¡Possumus!

Cuando los enemigos parezcan tan fuertes que nuestra derrota se presente inminente... Possumus! Cuando la lucha nos parezca tan desigual de modo que sea imposible la victoria... ¡Possumus! Cuando el Anticristo con su sucia pezuña nos aplaste la cabeza, con el último aliento debemos decir

¡Possumus! Todo lo puedo en Aquel que me conforta (Flp 4,13).

El grito del combate nos llama y nos convoca. Pidamos siempre que de la mano de Santiago y de San Juan -y de SAN PABLO!- retorne a nuestras tierras el espíritu de los grandes. En honor de María, digamos siempre: ¡Possumus!

Digamos con ese gran seminarista que fue Marcelo Javier Morsella que escribió: “¡Podemos!, con la gracia de Dios todo lo podemos”»22.

Que Nuestra Señora la Pura y Limpia Concepción de Luján, Madre de todos nosotros te haga un santo sacerdote y gran misionero, siempre consciente de la dignidad y del poder espiritual que desde el memorable 25 de agosto llevas contigo para siempre: para gloria de Dios y salvación de las almas. Pues “la vocación y la misión recibidas el día de la ordenación sacerdotal, marcan al sacerdote permanentemente”23: Sacerdos ipse Christus in aeternum!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1. Sl 109, 4 “Juravit Dominus, et non pœnitebit eum: Tu es sacerdos in æternum secundum ordinem Melchisedech” (seguimos la numeración de la vulgata)

2. SAN AGUSTÍN citado en STRAUBINGER, J., Biblia Comentada Sl 109,1 (Tlalnepantla – 1969) p. 674.

3. BUELA, C. M., Sacerdotes para Siempre (New York – 2011) pp. 266.

4. Ibídem.

5. Catecismo de la Iglesia Catolica, 1548.

6. FUENTES, M. A., Soy capitán triunfante de mi estrella, (San Rafale-2011 A 25 años del fallecimiento de Marcelo Edición corregida y aumentada) p. 59.

7. Directorio de Espiritualidad, 133.

8. Cfr. CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Constitución dogmática sobre la Iglesia «Lumen Gentium», 18-31; Decrecto sobre el ministerio y vida de los presbíteros «Presbyterorum Ordinis», 2; CIC c. 1008.

9. Cfr. CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Decreto sobre el apostolado de los seglares «Apostolicam Actuositatem», 3; Juan Pablo II, Exortación Apostólica post-sinodal «Christifideles Laici» (30 diciembre 1988), 14.

10. JUAN PABLO II, Exhortación apostólica post-sinodal «Pastores Dabo Vobis» (25 de marzo de 1992) 13-14; Catequesis (31 marzo 1993), L'Osservatore Romano 14 (1993) 171.

11. CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros (Ciudad del Vaticano 1994) 6.

 12. EUGENIO IV, Exsultate Deo, 22/11/1439; DS. 1321, Dz. 698.

 13. Cf. SANTO TOMÁS DE AQUINO, S. Th., III, 22, 4, sc.

14. Cf. Jn 15,15 “Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos”.

15. BEATA ISABEL DE LA TRINIDAD, Elevaciones, Elevación nº 34.

16. Constituciones, 7.

 17. Cf.  Hch 9,16 “Yo le mostraré lo que tiene que sufrir por mi nombre”.

 18. Cf. Hb 8,6ss.

19. MISAL ROMANO, Plegaria eucarística

20. Cfr. 2Tim 4,6; Flp 2,17.

 21. BUELA, C. M., Servidoras II (San Rafael - 2004) pp. 377-378.

 22. BUELA, C. M., Servidoras II (San Rafael - 2004) pp. 377-378.

 23. BUELA, C. M., Sacerdotes para Siempre (New York – 2011) pp. 77-78.

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